¿Es imposible estar seguro en línea?

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Hubo un tiempo en donde Internet no tenía la relevancia que tiene en la actualidad. Muchos lo recordaran añorando esas épocas, otros lo creerán increíble, pero sí, hubo una época donde yo iba a comprar los boletos estudiantiles para el micro, los cuales eran de papel, y no se cargaba nada de forma electrónica. Las personas iban en persona a los bancos, hacían compras con una lapicera y un papel, y hasta compraban una ficha para hacer un llamado desde el teléfono público.

Parece que yo estuviese hablando de hace 100 años atrás, pero no, fue hace tan solo 15, cuando yo era aún un adolescente. Decir que hoy Internet está en todo no es una afirmación desacertada. Internet verdaderamente está presente en casi todas las cosas que hacemos día tras día. Las tarjetas magnéticas con las que viajamos, las operaciones bancarias que realizamos, los mensajitos instantáneos, las redes sociales y casi cualquier conversación o llamado, todo está en la red de redes. Hasta podemos escuchar nuestras propias voces si visitamos el historial de búsqueda de Google. Sí, cada vez que le dijiste “Ok Google” a tu teléfono para buscar algo, el sistema te grabó y almacenó inmortalmente en su memoria.

Con esto viene una parte más compleja y seria de la historia: nuestra seguridad y privacidad. Cuando hablamos de la seguridad en Internet aún sucede algo muy peligroso, y es que una porción importante de la población (en todo el mundo) cree que hablar de robos de identidad o protección de nuestros datos, es algo exagerado y sacado de una película hollywoodense. No es así. Nuestra seguridad está a un clic de distancia.

Si aún no te pasó seguramente conocerás a alguien que sí. Hizo clic en un adjunto y todos sus archivos desaparecieron. El Facebook de alguien postea pornografía que es virus. Los mensajes de Skype de otra persona son vínculos que nos llevan a páginas raras. Un familiar tal vez sufrió un gasto enorme en dólares en su tarjeta.

¿Cómo pasan estas cosas? Pasan porque aún no entendemos la importancia de mantenernos seguros en Internet. No es solamente una cuestión de proteger a la PC de los virus, y de la molestia de llevarla a reparar. Es una cuestión de proteger nuestra privacidad, nuestro trabajo, nuestro dinero y las herramientas de las cuales nos valemos día tras día cuando hacemos uso y abuso de las capacidades que Internet tiene para darnos.

No hay que ser un ingeniero en sistemas ni un experto con diez años de práctica para conocer las reglas. Mantener nuestra seguridad es verdaderamente simple si conocemos estos principios.

 

Internet miente, y no deberías confiar en él

Como si fuese una persona vamos a demonizar a la herramienta. Esto es como salir por primera vez solo a la calle. Nos educaron, nos enseñaron a no hablar con extraños. ¿Irías con alguien que te dice que te acompaña al banco? No, no lo harías. Buscarías vos la dirección del banco y como llegar, sin fiarte de un extraño. Entonces ¿Por qué la gente si hace clic en un e-mail que dice ser del banco? Te sorprendería entender la inmensa cantidad de personas que son víctimas de estafas todos los días gracias a este método. Te mandan un e-mail falso, idéntico al que te mandaría el banco, con sus mismos logos y botones, con los mismos colores, y todo parece ser “oficial”. Sin embargo cuando hacés clic para “actualizar los datos” que te piden, o para “desbloquear tu cuenta”, te llevan a una página trucha, que obviamente roba tus datos. Este es el equivalente de ir con un extraño de la mano. La primera regla que tenés que tener grabada a fuego en tu mente es NO CONFIAR en lo que ves en Internet. Es tierra de nadie, y cualquiera puede aprovecharse de tu inexperiencia. ¿Querés ir al banco? ¿Cuál es tu banco? Digamos que es el de la nación Argentina. Vamos a www.google.com, que es un buscador oficial y confiable, y buscamos BANCO DE LA NACIÓN ARGENTINA. ¿Cuál es el resultado?

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El primer resultado es la web oficial de ese banco. El mismo método funciona con cualquier entidad que estemos intentando encontrar.

Aprender a dudar es uno de los pilares de no poner en riesgo nuestra seguridad en Internet. Las personas confían incorrectamente en lo que leen en pantalla, entonces cuando ven ese cartel que les jura que ganaron algo, o les pide que instalen el antivirus gratuito porque su PC está infectada, los usuarios confían, hacen clic y con el clic hecho la macana es irreversible.

Desde ya, infectar nuestra PC es el menor de los problemas. Los virus se limpian, se reinstalan los sistemas y todo vuelve a funcionar, pero los datos de la oficina que hayamos perdido, los trabajos de la facultad o las contraseñas de nuestras redes que el virus pueda robar, no tienen vuelta atrás.

 

¿Me molestaría la fama?

La confianza vuelve a entrar en juego aquí. Las personas creen incorrectamente que pueden ser anónimas en Internet. Si bien esto puede manejarse hasta cierto nivel, como por ejemplo tener todas cuentas registradas con nombres falsos, hay ciertos límites en cuanto a la legalidad y practicidad de funcionar de esta forma.

Tu imagen no es tuya, sin importar lo que te digan que vale legalmente. Si subiste o compartiste una foto de la cual te podrías arrepentir en el futuro, una vez enviada no tiene vuelta atrás. No puedo describir con palabras lo importante que es que pienses 100 veces antes de subir una foto o video a la red. La pregunta que deberías hacerte siempre es ¿Me molestaría hacerme famoso/a en todo el mundo por esta imagen? Si la respuesta es que sí, tal vez debas dejar la foto donde estaba, e incluso borrarla. Cuando le compartimos una foto a alguien, por más que sea de nuestra confianza, nunca podemos saber qué es lo que el tercero hará con el archivo. Puede compartirlo por malicia, picardía “inocente” o incluso se la pueden robar, de mil formas distintas. Nuestra imagen es una de las cosas más preciadas que tenemos sin darnos cuenta de su valor. Una vez que una foto está en Internet pasa a la perpetuidad digital.

Sí, hay leyes, mecanismos de protección y entidades gubernamentales de todos los países que trabajan para garantizarnos, en un futuro, un trato justo y proteccionista de nuestra información y nuestra imagen. Lamentablemente aún no es un sistema lo suficientemente efectivo como para librarnos de los grandes traumas personales y laborales que una foto o video puede causarnos al viralizarse.

 

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Es importante hablar con los chicos respecto a esto. Nunca hay que dar por sabida la charla de la imagen en Internet, especialmente en la adolescencia. Es la responsabilidad de los padres guiar y proteger a sus hijos cuando usan Internet, y no bajo la anticuada e ineficaz teoría de que prohibir el acceso es una forma de control sobre el mismo. Hay que charlar con los chicos, hacerles entender que son libres de hacer lo que gusten en ciertos aspectos, pero que una vez que su foto salió de su smartphone y entró al de otro, ya no son más dueños de su destino, y si mañana 100.000.000 de usuarios en Internet tienen y hacen uso de su imagen ya no podrán revertir esto. Se puede ser víctima de acoso sin que nadie nunca nos haya dicho una palabra.

Los básicos…

Hay normas elementales que hacen a la seguridad en Internet y que muchas veces damos por sentado, pero que se vuelven errores graves si nuestra información es comprometida, ya sea por un malware proveniente de la red o por una intrusión de otra persona.

 

Uno de los famosos emails falsificados que intentan parecerse a los de un banco.

Uno de los famosos emails falsificados que intentan parecerse a los de un banco.

Ojo con los links: cuando alguien nos pasa un vínculo por mensajería o e-mail tener extremo cuidado de lo que hacemos y de la página a la que nos lleva. Abrir un sitio web no representa un riesgo de por sí, pero sí es riesgoso abrir adjuntos, descargar archivos ejecutables, agregar complementos o aceptar instalación de certificados. Si no conocemos 100% la página en la que estamos y si no ingresamos a mano a ella: extremo cuidado con su contenido.

Los adjuntos son otro problema: Nunca debemos abrir un archivo adjunto en un e-mail que proviene de un extraño. Incluso si parece provenir de un contacto debemos verificar que esa persona verdaderamente haya querido enviarnos dicho fichero. Muchas veces los e-mails fraudulentos usan nombres de nuestros contactos (o nuestro propio nombre y dirección) para engañarnos al abrir sus contenidos. Por lo general podemos darnos cuenta que hay algo raro ya que el idioma o el léxico de la conversación no se condice con la lógica de cómo esa persona nos hablaría.

Revisar la privacidad en las redes: Ya sea Facebook, Twitter, Instagram o cualquier otra red, debemos recordar visitar la sección de configuración y privacidad. Es muy importante que leamos las opciones que nos dan esos portales para mantener nuestra información segura. Por ejemplo Facebook ha hecho numerosas modificaciones en los últimos años para permitirnos controlar exactamente quienes ven nuestras publicaciones. Podemos excluir de la audiencia a los contactos que no sean de confianza o incluso crear grupos para segmentar a las personas que deben poder visualizar lo que subamos. Nunca debemos usar las publicaciones en modo PUBLICO, ya que de esa forma cualquiera en Internet podrá verlas.

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En CONFIGURACION > Privacidad Facebook ofrece numerosas opciones para controlar quien ve exactamente nuestros datos y publicaciones.

 

Apps y sus orígenes: Tanto en la PC como en el smartphone es importante que pensemos antes de instalar cualquier aplicativo. La idea es que verifiquemos que hace el programa o app ANTES de agregarlo al aparato. ¿Es de una empresa confiable? ¿Lo estoy descargando de la tienda oficial del celular o me hacen bajarlo de otro lado? En el caso de la PC ¿Lo estoy bajando de la página oficial de la empresa que lo desarrolla o lo estoy bajando de un sitio cualquiera? ¿Qué dicen los usuarios que lo han usado? ¿Hay comentarios? Una simple búsqueda en Google puede resolvernos muchas de estas dudas. Puede que con dedicarle unos pocos minutos encontremos reseñas, artículos y tutoriales sobre cómo usar esa app con tranquilidad, y eso nos de la garantía de que no dañará nuestro equipo o nuestra información privada.

No guardes la contraseña de todo. Los navegadores como Chrome, Firefox y Opera tienen estas populares funcionalidades que nos permiten salvar las contraseñas más comunes para que el programa las use automáticamente de ser necesario. Esto sirve para nuestro Gmail, Facebook y casi cualquier sitio, pero no deberíamos abusar de estas conveniencias. Guardar todas las contraseñas nos expone a que eventualmente el software pueda tener un problema de seguridad y que un atacante o virus acceda a esta información. Tal vez perder la contraseña de Facebook no nos parezca un gran riesgo, pero seguramente pensemos distinto si la clave que hemos guardado es la del sitio del banco. Esas nunca hay que anotarlas.

 

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