La muerte del currículum: tu CV ahora es Facebook

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El polémico tuit que causó el despido de Justine Sacco.

La historia es conocida pero vale la pena recordarla: Justine Sacco era una exitosa ejecutiva de Comunicación de una empresa del mundo de internet, InteractiveCorp. Un día de diciembre de 2013, antes de subirse al avión que la llevaría de vacaciones a África, tuiteó lo siguiente: “Me voy a África. Espero no contagiarme de sida. Es broma, ¡soy blanca!”. Justine puso las últimas comillas, apagó el teléfono y se acomodó en la butaca del avión. Pero cuando horas después encendió el teléfono al aterrizar, nunca imaginó que su mensaje ya había dado la vuelta al mundo (¡más de 1.700 RT!) y que la habían insultado en todos los idiomas. InteractiveCorp la despidió al instante.

¿Era para tanto? Está claro que fue un error tonto y perdonable, pero muy grave si tenemos en cuenta que quiso ser humorístico pero terminó siendo racista, y que le truncó su trabajo, su carrera y hasta su vida virtual, porque su cuenta @JustineSacco, que era muy activa en Twitter, fue cerrada y después revivió de la mano de una asociación… contra el racismo.

Resume

Las redes sociales como protagonistas al momento de armar un perfil del postulante.

Si del ridículo no se vuelve, mucho menos de un tuit (o un post en Facebook)) viralizado a la velocidad de un viaje en avión de Europa a África. A eso queremos llegar en este análisis: nuestra reputación profesional hoy depende cada vez más de la actividad on line, de las huellas que dejamos a diario en las redes sociales. Un mundo en el que un comentario fuera de lugar o una foto de dudoso buen gusto puede tirar abajo un currículum construido durante varios años con paciencia oriental.

Yo puedo poner en mi CV que estudié 5 carreras universitarias, que ayudo siempre a los ancianos a cruzar la calle y hasta que gané un Nobel de Economía, pero si en mi muro de Facebook lo primero que aparece es un insulto a un usuario que dijo que le gustaba Miley Cirus, ningún gerente me va a llamar para darme ese empleo con el que soñé toda mi vida.

Por eso, no gastemos más dinero en cursos de coaching ni en un MBA de gestión de las relaciones interhospitalarias, mucho menos en papel para escribir un CV. Invirtamos menos plata y más energía en cuidar nuestra reputación on line, un concepto que parece ser hoy El Dorado de los reclutadores de talentos. ¿Querés trabajar acá? No me mostrés tu curriculum de 150 hojas con premios y reconocimientos hasta del planeta Melmac; decime cuál es tu Facebook, tu Twitter, tu Instagram, y después te llamo. ¿Y mi Linkedin? No, ese no me interesa.

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“Stalkers” corporativos

Ya no es ningún secreto que lo que decimos en Facebook, Twitter y hasta Whatsapp, las fotos y videos que subimos, o las notas que comentamos, hablan más de nosotros que 5 páginas de cursos y especializaciones en las mejores universidades. Así lo entendieron las empresas, que cada vez más “stalkean” los perfiles virtuales de sus candidatos antes de contratarlos.

Un estudio de Microsoft, que de reclutar talentos sabe y mucho (sobre todo desde que Bill Gates se rajó para dedicarse a tirar billetes a los pobres desde un helicóptero), dice que el 80% de las empresas de EEUU revisaba la información on line de los postulantes a un empleo antes de tomar una decisión.

Esto incluye revisar las etiquetas que aceptás en tu cuenta de Facebook. De qué vale cuidarte de subir las fotos de tu último cumpleaños, donde había más botellas que invitados, si el amigo fiestero que se fue último se ocupó de publicarlas cada una y de etiquetar a todos los que se mostraban en las fotitos moviendo sus culos sobre una botella vacía apuntando al cielo al son de alguna canción meneadora.

Child's hand on a computer keyboard

¿En serio van a fijarse en eso los de la empresa que me entrevistó? Datos matan incredulidad: 70% de los gerentes de contratación entrevistados por Microsoft han rechazado postulantes sobre la base de lo que encontraron navegando por ahí: fotos y videos inadecuados, comentarios fuera de lugar y cualquier otra información que revelara un estilo de vida inadecuado para el puesto que buscaban cubrir.

Moraleja: Twitter, Facebook y el resto de las redes sociales son terreno fértil para metidas de pata, como la vida misma. Ocurre que en internet quedan registradas, como si un Gran Hermano social nos estuviera monitoreando todo el tiempo para, cuando pensamos que ya tenemos el mundo en la palma de la mano, se nos escape en segundos por incontinencia tuitera.

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