Una semana con el Apple Watch: lo mejor y lo peor

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Era martes 9 de septiembre de 2014 cuando Tim Cook pronunció la frase “we have one more thing…” (tenemos una cosa más). Ese término no había sido escuchado en un escenario de Apple en más de 3 años, y la enardecida audiencia de pie y aplaudiendo alababa en una especie de homenaje a la icónica expresión que el difunto Steve Jobs utilizaba para anunciar ese poquitito extra, que en ocasiones causaba estupor a los fieles seguidores de la marca. En ese momento fue evidente para mí que la compañía perdió junto a Steve la capacidad de sorprender y deleitar como lo hizo un 9 de Enero de 2007 cuando mostraron por primera vez al iPhone. En esta oportunidad todos sabíamos que un reloj inteligente aparecería en pantalla.

Esto no corresponde a la capacidad de Apple como creadora de productos en tecnología. La empresa está más saludable que nunca y nadie duda de su capacidad al momento de una innovación que se cuestiona más por la velocidad a la que el negocio quiere ir que por el camino que la compañía elige tomar.

Digo que la capacidad de sorprender se fue con Steve porque el evento del iPhone en 2007 fue único en su tipo. Único en la forma de comunicar tecnología para las masas (un claro orden de marketing por supuesto, no sería de esta forma si no fuese “vendible”). Los grupos más selectos de intelectuales en tecnología sabían en ese entonces que Apple estaba trabajando en el proyecto más importante desde el iPod, algunos incluso especulaban con un teléfono inteligente, pero nadie tenía una remota idea de lo que sería el iPhone. Una vez presentado sería un producto que reemplazaría a un dispositivo que todos ya teníamos, que todos ya queríamos. Un smartphone tenía el potencial de servirle a cualquiera, sólo que hasta entonces ninguna compañía lo había hecho así de atractivo y simple.

“Como consumidor me voló la cabeza. Quería uno, inmediatamente. Pero era ingeniero en Google, pensé ‘Vamos a tener que empezar de nuevo’”.

Esto decía Chris DeSalvo, que era un empleado de Google en 2007 trabajando en el proyecto “Android” que la empresa desarrollaba. El iPhone sería un nuevo comienzo generacional en tecnología móvil. Cualquiera que lo veía entendía esto. Era distinto a todo lo anterior y mejor en toda forma. Si, mejor aún con su batería pequeña y mejor aún con su falta de botones físicos.

El Watch no es el iPhone. Podemos seguir encontrando objetos que no hayan sido actualizados a la electrónica moderna y reconvertirlos en algo más útil, pero no se podrá volver a sorprender de la forma en que lo hicieron para el smartphone. Apple ya es muy grande, llama mucho la atención y todos estamos mirando permanentemente. No hay secreto posible. Cuando hace un par de años se empezó a rumorear la posible salida de un reloj inteligente de la empresa, rápidamente competidores como Samsung, LG y Motorola anunciaron sus smartwatch, que se comercializaron mucho antes de Apple Watch.

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El equipo en sí

Apple Watch es un pequeño cuadrado de 42 o 38 milímetros del que se enganchan mediante un mecanismo de encastre las mallas que vienen incluidas con el modelo que hayamos adquirido. El aparato es siempre el mismo, pero la carcasa que contiene la electrónica y el vidrio frontal son diferentes de acuerdo a cuánto estemos dispuestos a pagar por el chiche. El más económico es el modelo Sport, que tiene cubierta de aluminio y vidrio similar al presente en la mayoría de los smartphones modernos. El que le sigue es el Watch clásico sin distinción de nombre, esta vez con revestimiento en acero inoxidable y una pantalla cubierta en una aleación basada en zafiro. Por último está el Watch Edition, el cual cuenta con una cubierta hecha en oro de 18 quilates, ofrecido en dos tonos, el dorado clásico de este material o una tonalidad rosada “única” según su fabricante. El vidrio en este modelo también es de zafiro.

Cuando recibí mi Apple Watch la primera impresión fue “que pequeño que es”. Pedí el modelo de 42 milímetros pero por unos segundos creí que se habían equivocado, pero no, era el tamaño correcto. Solo que es muy pequeño. Más de lo que aparenta en fotos y videos. Definitivamente 38 milímetros es un tamaño para personas que tengan una muñeca extremadamente finita y delicada (esto sería generalmente el caso de muchas mujeres).

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El reloj viene con las mallas de fábrica puestas y en un cartón separado hay un repuesto de menor longitud (repuesto que yo tuve que utilizar, ya que mi muñeca no es exactamente gruesa, y la malla original me quedaba algo larga). El mecanismo mediante el cual se intercambian estas mallas es absolutamente precioso. No solo cuenta con un gran ingenio de encastre sino que al verlo pensé en qué lindo hubiese sido que todos mis relojes en la niñez contasen con esta forma de anclar la malla. Definitivamente no podrá zafarse por accidente.

La pantalla de Apple Watch es táctil por supuesto, pero para la navegación además de poder usar los dedos contamos con la corona digital, esa pequeña rueda a la derecha del equipo que interviene convirtiendo el movimiento rotatorio en información que le dice al sistema si tiene que ir para abajo o arriba, o hacer zoom. La corona también es clickable. Al sur de la rueda hay un único botón que sirve para acceder a los contactos frecuentes y si damos vuelta el equipo veremos un redondel donde yacen cuatro círculos, dos transparentes y dos más claros. Estos son los sensores que ayudan al reloj a tomar la frecuencia cardíaca entre otras capacidades relacionadas a la actividad física.

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Para qué sirve y cómo trabaja

Vuelvo al punto inicial. El reloj inteligente no es el smartphone. No lo reemplaza, no lo complementa. No esperes del Apple Watch (o de cualquiera de estos dispositivos) la maravilla que fue en su momento descubrir al smartphone.

El reloj inteligente en concepto y práctica sirve para facilitar el acceso a ciertos y determinados datos y notificaciones sin tener que sacar el teléfono. Hay ciertas tareas que hace muy bien, pero no es un aparato con el que vayas a estar jugando todo el día como lo hacés con el teléfono.

Apple Watch requiere un iPhone 5 o superior para poder funcionar. Al abrirlo y prenderlo por primera vez veremos el logo de la empresa y se nos solicita que lo conectemos a un teléfono para comenzar. En el iPhone abrimos la aplicación de Apple Watch (incluida con el sistema desde iOS 8.2) y mediante el botón de ENLAZAR comenzaremos el proceso de anclaje entre el reloj y el smartphone. Completar la instalación del equipo es lo que cualquier usuario de un producto de Apple esperaría, simpleza en estado puro.

Una vez configurado todo comenzamos con el uso del aparato. De acuerdo al modelo de reloj se auto-selecciona una “cara”, que es la interfaz que veremos cada vez que levantamos la muñeca y se muestra la hora. Hay distintos motivos para elegir y pese a que Apple no permite la instalación de caras fabricadas por terceros (muy a su estilo) es innegable el altísimo grado de detalle en cada una de estas representaciones gráficas de la información, que un reloj debe mostrar. No te voy a contar que hace cada una en particular, pero si vale mencionar que en casi todos los casos podemos elegir los colores de los ítems, la disposición de los datos y finalmente seleccionar cuales de todos los posibles campos de información son los que nos interesa tener en el reloj, los cuales son muchos. La fase lunar, el día de la semana, la batería, el resumen de actividad, el calendario, el lugar del mundo, la puesta y ocaso del sol, el estado de la bolsa, las calorías quemadas, las alarmas y el temporizador son los datos soportados hoy día, aunque la empresa ya anunció que los desarrolladores podrán programar nuevas “complicaciones” (así se llama la característica), para que los usuarios visualicen datos de otras Apps en la cara del reloj. Este cambio llegará en septiembre con la actualización 2.0 del sistema operativo.

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Las distintas caras que podemos seleccionar en Apple Watch. Se agregarán nuevas con la release 2.0 del sistema operativo.

[dt_gap height[dt_gap height=”10" /] style="text-align: justify;">La pantalla de inicio que conocemos en el iPhone es reemplazada por una colmena de pequeños iconos redondos que representan a las Apps que sean compatibles con el reloj. Un set ya viene incluido de fábrica y las adicionales se agregan desde la tienda, a la que podemos acceder desde el teléfono. No hay forma de instalar Apps desde el reloj (no sería práctico tampoco).

Lo primero que deberías saber sobre las aplicaciones es que cada vez que accedemos a una, estas viajan vía Bluetooth desde el iPhone al reloj. No hay Apps de terceros instaladas localmente en el equipo. Esta funcionalidad será agregada también con WatchOS 2.0, la nueva versión del sistema que aparecerá en Septiembre de 2015. Vale la pena mencionar esto porque si bien el smartwatch es bastante rápido, cuando abrimos una aplicación no desarrollada por Apple vemos una ruedita girar durante unos segundos mientras la App carga desde el iPhone, algo que definitivamente empobrece la experiencia de uso, ya que hace parecer lento al dispositivo, aunque no lo sea.

Una vez dentro de las Apps vas a notar que la información y el contenido de las mismas es muy limitado. Como digo desde el principio, no es la misma experiencia que el teléfono. Para darte un ejemplo: Twitter muestra la cronología y tendencias tal como lo haría en el iPhone (aunque en una versión más pequeña). Podemos con la corona o los dedos bajar y subir para ver los tweets, incluso presionar la pantalla para favear o retwittear, pero si queremos abrir una imagen incrustada esta será imposible de visualizar por su pequeño tamaño, y no tenemos opción alguna para hacer zoom en la misma. Tampoco podemos tocar sobre vínculos de Internet, ya que Apple Watch no incluye un navegador (menos mal). Y este ejemplo es uno de los más extensos ya que Twitter incluye gran parte de su funcionalidad en la versión “mini” del reloj, la otra gran mayoría de Apps solamente muestra la notificación push y un breve indicio de lo que contiene, pero no permite la interacción completa. WhatsApp muestra una alerta cuando recibimos un mensaje, pero no podemos hacer nada más que verla brevemente, si nos interesa responder tenemos que ir al teléfono. Así con la gran mayoría.

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La mayoría de los ajustes de Apple Watch se realizan desde el iPhone. Por suerte la organización de la configuración es coherente con lo que estamos acostumbrados en iOS.

[dt_gap height=”[dt_gap height=”10" /]le="text-align: justify;">Si hacemos un gesto con el dedo desde la parte superior de la pantalla hacia abajo veremos las notificaciones tal como lo haríamos en el iPhone, y si lo hacemos desde abajo hacia arriba veremos algo que Apple llama “vistazos”. Esta funcionalidad son básicamente tarjetas que muestran información relevante de forma rápida y sin que tengamos que abrir la aplicación en sí desde la colmena de Apps. Podemos personalizar que aparece en esta sección y si tocamos en uno de los vistazos se abrirá el programa relacionado.

Una de las grandes características que tiene Apple Watch como parte de su interacción gráfica es el Force Touch o toque por fuerza. Esto significa que la pantalla puede distinguir cuando estamos poniendo presión sobre el display, y actuar sobre esto. Parece complicado pero en realidad es muy simple y funciona muy bien. Cuando recibís una notificación podés presionar con fuerza el reloj y eso abrirá un menú contextual de opciones para la aplicación (que puede ser borrar la notificación, responder, archivar o más según la App en particular). El toque por fuerza es tan coherente como parte de la interfaz que en el iPhone deseás poder hacerlo (y se podrá, con la generación 6S del equipo).

[dt_gap height=”10[dt_gap height=”10" /]e="text-align: justify;">Cuando lo amás:

Cuando tenés que leer una notificación y decidir si vale la pena sacar el teléfono del bolsillo. Creo personalmente que todo el concepto de la experiencia de uso de un reloj inteligente ronda (o debería rondar) sobre esto, que sea rápido y sigo de largo. No es cómodo interactuar con un dispositivo tan pequeño, y esa es justamente la idea. Pero que el aparato me muestre que pasa sin que tenga que sacar el smartphone  es impagable. Me ayuda mucho cuando viajo en bicicleta, y no estoy en condiciones de acceder al iPhone. Cosas como saber la temperatura, próximos eventos de calendario, fase lunar y demás información simple se agradece en un formato sencillo y que en segundos vas a aprender a usar.

El otro aspecto en donde te enamora el Apple Watch es en todo lo relacionado a la actividad física. No creo que haya una aplicación de terceros ni dispositivo que se compare al desarrollo que Apple puso en la creación de “Actividad”, el programa que se instala automáticamente cuando el reloj es enlazado al iPhone. Yo no me considero un deportista, ni cerca, pero es realmente grato que el dispositivo me “moleste” para que camine, me pare un rato, haga un mínimo de actividad y llegue a superar la cantidad de calorías quemadas por día. Claro que mi uso en este aspecto es más que básico y no estoy explotando al 100% su capacidad. Atletas y aficionados de algún deporte encontrarán estas funciones más que útiles. No solo registra un inmenso catálogo de tipos de ejercicios, sino que te permite llevar un seguimiento minucioso de lo que hiciste cada día, cuántas calorías quemaste, cual era tu pulso en ese momento, la distancia que recorriste y los pasos que tomaste, instándote a que te superes y obtengas “medallas”, una recompensa electrónica por el trabajo físico.

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[dt_gap height=”10″ [dt_gap height=”10" /]ext-align: justify;">Cuando lo odiás:

En general no me ha molestado mucho como para que note algo que verdaderamente haga que quiera devolverlo. Sí son claras muchas mejoras que el software necesita, por ejemplo si me llegan 5 mensajes de WhatsApp no puedo leerlos desde el reloj, ya que muestra “tiene 5 mensajes de” pero no me permite abrirlos. La dependencia del iPhone existe y se nota mucho, algo que seguramente Apple solucione en futuras versiones del software (y del hardware).

Tema batería: algo que le interesará a muchos. Yo creí que los primeros días iba a agotar la batería del reloj muy rápidamente (ya que emocionado por mi nuevo chiche quería tocar todo y explotarlo al máximo). Pero me sorprendí. El reloj con uso regular (y lo uso bastante) llega con más del 50% de carga a la noche, son las 21:34 en este instante y aún tengo el 67%. No tengo ninguna queja al respecto. Claro que no deja de ser un aparato más que debemos cargar a diario. Eso resulta una molestia. Pero el que en realidad sufre la presencia de Apple Watch es el iPhone. El teléfono inteligente hace mucho por el reloj. Se encarga de sus notificaciones, del enlace Bluetooth y de enviarle las aplicaciones entre otras cosas. Yo particularmente tengo el iPhone 6 Plus, que debido a su tamaño tiene una batería gigante y dura muchísimo más que su contraparte más pequeña, el iPhone 6. Aún con esta gran capacidad, el iPhone 6 Plus, que normalmente rondaba el 60% de batería para las 11 de la noche ahora que el reloj entró a la ecuación llega a última hora con el 40%. Definitivamente un golpe importante a su autonomía. Desconozco que tanto sufrirá esta carga el iPhone 6 o modelos anteriores como el 5S y el 5, pero me encantaría escuchar sus experiencias.

[dt_gap height=”10″ /][dt_gap height=”10" /]-align: justify;">Picture1

[dt_gap height=”10″ /]La conclusión, ¿es bueno?

Claro que es bueno. Pero en particular lo que creo que sucederá con estos aparatos es que no van tener el impacto de mercado que las empresas productoras esperan. Si, Apple va a vender millones de relojes. Pero los desarrolladores de Apps, si bien no dudo ejecutarán ingeniosas creaciones de software, no van a poder cautivar al usuario como lo hicieron hace 7 años atrás. El reloj inteligente es bueno, no me malinterpreten, creo que es una reinvención de un dispositivo antiguo que trae muchos beneficios en cuanto a la capacidad de nuevas tecnologías. Pero es bueno hasta el punto en donde su tamaño empieza a convertirse en una complicación, y no creo que vayamos a tener relojes de 5.5 pulgadas (por Dios espero que no). En este aspecto quienes gustamos del desarrollo tecno nos quedamos una vez más esperando a un equipo que tenga el impacto cultural y sensación magnífica que tuvo el smartphone cuando sostuvimos uno por primera vez.

 

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